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Hablemos de obsesión

09/05 Una columna de Bernardo Stamateas
Por Bernardo Stamateas

Unos de los problemas que enfrenta mucha gente son las obsesiones. ¿Qué entendemos por obsesión? Un pensamiento, una imagen o un impulso recurrente que aparece en la mente causando angustia y ansiedad. Todos podemos experimentar este tipo de ideas que nos llevan a sentir que no somos capaces de deshacernos de ellas a voluntad. 

Te invito a analizar en detalle cómo actúa un obsesivo:

• Presta atención a cada detalle, aun el más insignificante

No logra ver el bosque completo pero sí cada árbol de ese bosque. Y si recorre todo el bosque, mira árbol por árbol. Esto quiere decir que no tiene visión global. Observa cada detalle de una situación como si fuese un objeto aislado de todo lo demás. Se enfoca en los pormenores. Por eso, es muy bueno a la hora de realizar un inventario o una auditoría y manejar números. Su pensamiento es: “Las cosas se hacen bien (en realidad, perfecto), o no se hacen”. Las equivocaciones son una fuente de culpa y/o ansiedad. 

• Cuando ocupa un puesto de liderazgo, ve a los otros como “ejecutores de sus órdenes”

En el liderazgo, el obsesivo no conoce la creatividad. ¿Por qué? Porque todo pasa por él o ella y no da lugar a los otros. Es una especie de cabeza con muchos brazos. Por ejemplo, si tiene que organizar una comida, elegirá determinado tipo de alimentos sin lugar para que los demás sugieran otro. Su pensamiento es: “Las cosas se hacen así (como yo digo), o no se hacen”. Tal actitud no brinda espacio para la sorpresa, para la espontaneidad. La obsesión lleva a la persona estar pendiente de todo y de todos, ya sea que se trate de subordinados o de sus propios seres queridos. Los demás deben moverse… ¡y mucho!

• Nunca delega su poder

Todo debe ser hecho según lo indica el obsesivo. Es por ello que rara vez delega una tarea, para asegurarse de que se haga a “su” manera y no como lo hacen los demás. Esto obliga a quienes lo rodean a actuar bajo presión para cumplir las metas y los objetivos que estableció la persona obsesiva. Esta no les permite a los otros tener autonomía, sino que los controla para lograr bajar su nivel de ansiedad. 

• No se fija prioridades

Para alguien obsesivo todo es igual de importante. Por esa razón, nunca se puede relajar y confiar en que las cosas saldrán bien. Esto es realmente incómodo y molesto para la gente, aunque él o ella no lo note. A nadie le agrada que lo llamen a cada rato y le estén encima controlando como se suele hacer con los niños pequeños.

• Solo disfruta los logros, jamás los procesos

Como último rasgo, diremos que el obsesivo se enfoca en la finalización de un trabajo. No disfruta el camino o el proceso en el medio. Como parte de un equipo, su compromiso y entrega con la tarea serán loables pero no se permite disfrutar de cada paso hacia la cima. Esta actitud es muy nociva para su salud, pues lo mantiene en un estado constante de tensión, sin lograr relajarse y descansar. 

Las personas necesitamos comprender que estamos aquí para disfrutar todo lo que hacemos (aun el trabajo) y obtener placer de ello; no para padecerlo.

Bernardo Stamateas
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