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Aprender a pedir

13/09 Una columna de Bernardo Stamateas
Por Bernardo Stamateas

Se habla mucho de dar pero poco de pedir. Como si hacerlo, estuviera mal. Pero con la misma sencillez con la que damos, debemos aprender a pedir lo que deseamos. 

Ahora bien, la persona a la que uno le pide algo tiene todo el derecho de decirnos que “sí” o que “no”. Así como todos tenemos el derecho de pedir. Cualquiera sea nuestra situación actual en la vida, es fundamental desarrollar el hábito de pedir que es muy saludable. 

¿De qué manera tenemos que pedir?

De manera clara, explicitando lo que queremos, para que el otro sepa con seguridad lo que esperamos de él o ella. ¡Cuántos dolores de cabeza nos ahorraríamos si siempre pidiéramos claramente! Aunque parezca mentira, mucha gente no sabe (o no quiere) pedir por diversas razones. Estas son algunas:

• Hay gente que no pide porque siente vergüenza. Esto sucede especialmente cuando alguien tiene un rol de liderazgo con una relación afectuosa y cercana con los demás. Esa persona piensa: “¿Qué van a decir de mí, si yo que soy el líder les pido algo?”. Todos, sin excepción, a veces necesitamos pedir.

• Hay gente que no pide porque cree que va a molestar. Otros piensan que ese no es el momento oportuno y que el otro se puede incluso enojar, si le piden algo. Por lo general, son personas con baja estima que recibieron el mensaje desde chicos que ellos no merecen recibir. 

• Hay gente que no pide porque, en el fondo, se siente omnipotente. Muchos que nunca piden nada lo hacen porque inconscientemente sienten que son Súperman o La Mujer Maravilla y todo lo pueden. Dicha actitud de omnipotencia envía el siguiente mensaje: “Gracias, yo puedo solo/a”. 

Hay gente que siempre da y nunca pide. Son personas que siempre están ayudando a alguien y se sienten culpables si no lo hacen. No pueden decir que no. Y algunos, con el tiempo, hasta se llegan a enfermar. Esto sucede porque el cuerpo habla lo que la boca calla. Quien no es capaz de pedir nunca, muchas veces, termina pidiendo por medio de la enfermedad. 

No necesitamos enfermarnos para lograr descansar o pedir ayuda, cuando lo necesitamos. Podemos darnos permiso para no hacer nada, y también aprender a pedir. Es verdad que se requiere más valentía para pedir que para dar. El que pide tiene que ser fuerte y dicha fuerza proviene del hecho de admitir que somos humanos y no lo podemos todo. 

Y así como hay gente que no pide, también hay gente que pide todo el tiempo. En este caso, la raíz del comportamiento no es la omnipotencia sino la inseguridad y el temor de no tener lo suficiente. Aquel que le pide a otro que le pague o que le dé plata, en el fondo, no reconoce su capacidad para generar ingresos. En este caso, la persona necesita fortalecer su autoestima y confiar en sí mismo, en lugar de depender de otros.

A veces, damos; y a veces, pedimos. Lo ideal es mantener el equilibrio para que no se resienta nuestra salud. Existe un poder oculto tanto en el dar como en el pedir. Demos a quien lo necesita sin descuidar nuestras propias necesidades. Es decir, siendo personas sanas, ni omnipotentes ni inseguras. 

Bernardo Stamateas
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