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El menemismo, una “bisagra” en la configuración política, social y económica de la Argentina

15/05/2019 A 30 años del primer triunfo presidencial de Carlos Menem, una investigadora del CONICET remarcó que la gestión del dirigente riojano tuvo aspectos positivos y negativos, pero permitió poner fin a las intervenciones militares

El 14 de mayo de 1989, el doctor Carlos Saúl Menem, quien se presentó por el Frente Justicialista de Unidad Popular (FREJUPO), ganó las elecciones presidenciales derrotando al radical Eduardo Angeloz con 7.300.000 votos, el 47,49% del total. Tuvo que asumir el mando seis meses antes que lo que correspondía por la crisis económica que atravesaba la administración del mandatario Raúl Alfonsín.

Al ser consultada sobre este tema, la profesora Paula Canelo, Doctora en Ciencias Sociales (FLACSO), Magister en Ciencia Política (IDAES - UNSAM), licenciada en Sociología (FCS - UBA), investigadora del CONICET y docente universitaria, afirmó a La Mañana que el menemismo marcó una “bisagra histórica” en la configuración política, social y económica de la Argentina, equiparable a la última dictadura militar por el “quiebre” que significó para el país, porque “clausuró procesos históricos previos” y dio inicio a “nuevos procesos sociales que configuraron la Nación hasta, por lo menos, la crisis de 2001”.

Además, la docente detalló los tres principales aportes realizados por la gestión de Menem a la sociedad argentina, a los cuales definió como “ambivalentes”, porque tuvieron aspectos positivos, que permitieron después la convivencia democrática entre los argentinos, pero también implicancias negativas.

En principio, Carlos Menem consiguió la desactivación definitiva del “poder militar” como alternativa de gobierno. “Durante todo el siglo XX, las fuerzas armadas fueron un factor decisivo y fundamental de la vida política argentina. Esto distinguió a la Argentina de otros países latinoamericanos. Por eso, se trata de uno de los grandes legados de la gestión de Menem, y una de los logros que tenemos que recordar siempre para poder entender por qué durante la crisis de 2001 no hubo intervenciones militares”, puntualizó la experta.

En este contexto, la educadora destacó la significancia que tuvieron la desactivación de los movimientos “carapintadas”; la reforma constitucional de 1994, que estuvo orientada a la reelección de Menem pero facilitó al mismo tiempo la creación de la Jefatura de Gabinete y otros avances institucionales; y la suspensión del Servicio Militar Obligatorio y su reemplazo por un servicio optativo.

Para Canelo, la eliminación de la obligatoriedad del Servicio Militar permitió “desarmar el poder histórico de los militares argentinos sobre los procesos de socialización básica y primaria de la ciudadanía argentina”, teniendo en cuenta que el sector militar se consideraba una “elite moral” que “formaba la masculinidad de los argentinos”.

Asimismo, la socióloga indicó que el aspecto negativo fue “la impunidad” para aquellos militares que formaron parte de la última dictadura militar, a través de “la mayor medida política” en democracia en lo referido al sector militar en su conjunto, que fue “el otorgamiento del indulto” en dos tandas, para quienes cometieron delitos de lesa humanidad, intervinieron en hechos de subversión económica y participaron de levantamientos “carapintadas”.

Consumo

En segundo lugar, Canelo mencionó la instalación en la ciudadanía argentina de “un acceso extraordinario al consumo”, como consecuencia de la estabilidad del poder adquisitivo de los salarios a través de la fijación del precio del dólar por medio del plan de la convertibilidad y la prohibición al Banco Central de emitir moneda sin respaldo.

“Esto permitió que los haberes de los argentinos se vieran estabilizados, y también redujo los dígitos de inflación. La convertibilidad resolvió en esos momentos una de las problemáticas más agudas que tuvo la Argentina durante su existencia como sociedad, que era la suba de precios. Por ello, distintos grupos rezagados de la estructura social argentina, como la clase media baja y los sectores populares, accedieron a diversos consumos culturales, y se transformó el sistema de aspiraciones de esas personas”, agregó.

“El lado negativo fue que a medida que avanzó la convertibilidad, y sobre todo a partir de 1998, la ciudadanía argentina comenzó a ver los costos sociales de ese modelo económico, con aumentos extraordinarios del desempleo, la pobreza y la marginalidad. Hubo un profundo deterioro social, con un esquema que llevó a la crisis de 2001”, especificó.

A su vez, Canelo consideró que el tercer legado de Menem fue “el profundo cambio del peronismo como uno de los actores centrales de la política argentina”, y “una muestra de la tremenda versatilidad de ese movimiento político”.

Sobre este tema, la doctora recalcó que el Partido Justicialista, que estaba ligado a “la cuestión nacional y popular, las reivindicaciones laborales y la defensa del mercado interno”, con Menem “hizo un giro neoliberal profundo”, que le permitió al entonces Presidente postular que el PJ podía ser el instrumento para reformas de tipo liberal, que incluyeron una reforma del Estado, privatizaciones y transformaciones importantes en los principales agentes económicos.

“Esto derivó en decisiones que fueron tomadas por el Ejecutivo sin consultar con gremios que eran la ‘columna vertebral’ del PJ, y que se ‘acomodaron’ a esas determinaciones. También, hubo modificaciones en las organizaciones sindicales”, acotó.

En otro orden, Paula Canelo evaluó que teniendo en cuenta la crisis que atraviesa en la actualidad la gestión de Cambiemos, a la que describió como “la nueva derecha”, la sociedad argentina “olvidó” cuáles son las consecuencias del neoliberalismo. “Debemos entender que ninguna salida individual nos va a permitir lograr una mejor situación para todos”, añadió.

“Con las recetas neoliberales, no hay posibilidades de lograr un desarrollo sostenido y solidario para el conjunto de la ciudadanía. La principal diferencia entre el esquema actual y el menemista es que la administración de Carlos Menem logró disciplinar a la economía mediante la política, algo que la gestión de Mauricio Macri no pudo, porque fue muy hábil en lo político hasta que la economía le marcó el límite, en mayo de 2018. Desde entonces, no supo más qué hacer”, manifestó la investigadora.

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