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Latir en arpegios

06/01/2019 Bruno Sánchez es un joven arpista paraguayo que eligió Formosa para proyectar su carrera profesional y se encuentra al frente del primer Taller Oficial de Arpas de la Provincia “Formar Arpegios”


Refieren las Sagradas Escrituras que el joven David, hijo de Isaí, guerrero, poeta y músico prominente, apelaba al sonido de su arpa para acallar al espíritu maligno que atormentaba sin cesar al rey Saúl y lo sumía en un estado de locura, al borde del delirio. (I Samuel 16:23)

Este virtuosismo de David desde muy joven para tañer su arpa con una habilidad pocas veces vista, sumado a su calidad de poeta laudatorio, le ha valido la atribución de una gran cantidad de salmos que retratan lo más excelso de la poesía religiosa hebrea.
 
Muchos han sido a lo largo de la historia los testimonios que dan cuenta de la naturaleza terapéutica de la música y de cómo este arte ha hecho del mundo un sitio cada vez más seguro, lejos de las tribulaciones mundanas que nos aquejan a diario.
 
Bruno Sánchez es un joven músico nacido en la ciudad de Pilar, Paraguay, que desde los seis años ejecuta el arpa con una versatilidad única. Profesor de Música y entregado al aprendizaje permanente, eligió hace un año a Formosa para proyectar su carrera artística y desde entonces se encuentra al frente del primer Taller Oficial de Arpas de la Provincia “Formar Arpegios”, dictando clases a una gran cantidad de alumnos a los que transmite su conocimiento acerca de este particular instrumento.
 
“Este proyecto lo creamos con la profesora Graciela Marechal, directora de Acción Cultural de la provincia. Iniciamos las clases en enero de 2018, con dos arpas donadas por el Ministerio de Educación, más la mía. Luego de que se lanzara la invitación al público para iniciar las clases de arpa, teníamos unos 150 alumnos, con sólo tres instrumentos. Por lo que debimos guiar el aprendizaje por grupos. Lamentablemente, mucha gente se fue quedando. Hoy en día, ya tenemos 10 arpas pertenecientes al taller que fueron donaciones de distintas entidades. Y en total tenemos 52 arpas, sumando las que lograron adquirir los alumnos. Esto es un gran logro para Formosa en tan poco tiempo, teniendo en cuenta que comenzamos con esta iniciativa en enero pasado. Y creíamos que con unos 20 ó 30 alumnos, ya se iba a poder difundir el arte del arpa”, confiesa.
 
Si bien cuenta apenas con 19 años, Bruno encara sus proyectos con una responsabilidad y una autodisciplina férreas. Consciente de sus condiciones sobresalientes para la música, las explota permanentemente a fuerza de trabajo y constancia. “En un principio estuve actuando para el Consulado Paraguayo un tiempo. Y después surgió este proyecto del Taller de Arpas. Pero de todas maneras, continúo también mi carrera solista, dando shows en vivo. Desde los siete años, ya empecé a viajar con mi grupo de arpas. En 2010, fuimos a actuar al estadio Luna Park, y en 2013 formé parte del conjunto de arpas más grande del mundo, donde batimos el récord de 420 arpas sonando juntas. Con 202 ya batíamos el récord anterior, que lo tenía Escocia. Lo doblamos. Quedamos como el conjunto de arpas más grande del mundo”.

Se trata del Festival Mundial del Arpa, en el estadio de la Secretaría Nacional de Deportes de Paraguay, donde en aquella oportunidad fueron destacados por batir el récord que ostentaba Escocia desde hacía siete años. Bruno fue parte de esos 420 arpistas que plasmaron su marca en el Guinness World Records. La condición era permanecer ejecutando el arpa en conjunto durante unos cinco minutos como mínimo. Por lo que interpretaron de manera continua “Pájaro Campana”, de Félix Pérez Cardozo, y “Carreta Guy”, de José del Rosario Diarte, con lo que superaron holgadamente los seis minutos.

Aun así, este músico prominente continuaría buscando su norte y en agosto pasado fue convocado para emprender una gira por Europa, donde pudo mostrar algo de la cultura guaraní en importantes escenarios del viejo continente. “En el mes de agosto, fui elegido desde Europa y viajé durante tres semanas. Fui a Hungría y a Serbia a mostrar algo de nuestra cultura. El arpa es un instrumento que llama mucho la atención en todos lados. No sólo por su sonido sino también por su contextura física. Y más aun en Europa, si tenemos en cuenta la técnica con la que la ejecutamos nosotros, acá en esta zona. Allá generalmente se conoce más el arpa clásica, el arpa grande de conciertos, que tiene pedales y su técnica es tocar con la yema de los dedos, sin utilizar las uñas. Ejecutar con las uñas otorga velocidad en la interpretación. Entonces, las canciones que ellos interpretan no son muy veloces, básicamente por la técnica; son de arpegiado o de acompañamiento en las orquestas… en general, hay sólo una y está relegada al acompañamiento, al fondo. En cambio, lo que fuimos a presentar nosotros era totalmente distinto de lo que ellos estaban acostumbrados, ya que el arpa era nuestro instrumento principal, con la velocidad y la fuerza que le otorgaban las canciones que nosotros fuimos a interpretar. Fue una hermosa experiencia. Estuvimos dos semanas en Hungría, en el festival ‘Summerfest’, que es el festival de folklore más importante de Europa. Y después fuimos a Serbia, junto a unos 20 países más”.

Bruno es un artista que permanentemente nutre su carrera, con sacrificio y horas enteras dedicadas al estudio y la práctica. Y es eso también lo que transmite a sus casi 80 alumnos, que integran “Formando Arpegios”. “Yo siempre resalto la importancia de estudiar, con disciplina. Y también enriquecerse por sí mismo, para fijar sus metas, para ver de qué quiere nutrirse culturalmente uno, no sólo en la música sino en la vida. Para nunca quedarse en una cosa, sino enriquecerse de otras culturas. La docencia para mí es muy importante. Me apasiona mucho transmitir todos mis conocimientos y que se pueda difundir el arpa aquí en Formosa. También es muy lindo de ver cómo algunos alumnos actúan incluso junto a sus padres, que también son alumnos. A veces, niños muy pequeños vienen a ensayar y a aprender con sus abuelos. Esa diferencia de edad apasiona. También es muy motivador que hay mucha gente mayor que te confiesa que su sueño había sido aprender a tocar el arpa y ahora pueden lograrlo, también como una especie de terapia. Tengo ahora alumnos desde los tres años hasta los 92”, cuenta son sumo orgullo y satisfacción.
 
En cuanto a su formación personal y sus influencias musicales,
resalta la importancia de nutrirse de todas las vertientes culturales con que se cuente alrededor, como es su caso: “Yo tengo una mezcla entre la parte folklórica y la parte académica, de orquesta. En Paraguay formé parte de dos orquestas sinfónicas. Pero siempre me dediqué a nutrirme de la parte folklórica también. De hecho, lo que más hago hoy en día es folklore. De todas maneras, siempre tengo proyectos académicos que desarrollar. Tuve muchos profesores en Paraguay de la vertiente clásica y de la música tradicional o popular. En general, se ve al arpa como un instrumento más empírico, porque así fue transmitiéndose de generación en generación, de oído. Más allá de leer partituras, como es mi caso, también escucho mucha música folklórica latinoamericana, particularmente argentina. En esta búsqueda permanente, también estudié muchos años violín, para sumar conocimientos y adaptarlos al arpa. Incluso consulté material de formación y bibliografía de otros instrumentos, composición de piano u otros”.

Bruno celebra poder difundir el arte del arpa en Formosa y cómo este instrumento ha ido cobrando un protagonismo notable alrededor del mundo con los años. Asegura en este sentido que “hoy por hoy, el arpa está logrando una posición preponderante y de pronto está desplazando a otros instrumentos más convencionales, como el piano, por ejemplo, en sesiones de música de salón, en fiestas, hoteles o cruceros turísticos. El piano era el primer instrumento de ambientación en esos lugares. Y hoy, muchos arpistas están siendo convocados para integrar estos espacios alrededor del mundo”.

Así como descree de las recetas mágicas para encarar cualquier proyecto,
pondera el esfuerzo y la constancia en el aprendizaje y asegura que hay que tener en cuenta que el arpa es muy parecida al piano en cierta forma. “Toda la estructura musical y su lenguaje musical inclusive; son instrumentos muy parecidos. De todas maneras, no es muy difícil si uno se dedica a practicar mucho. En el Taller de Arpas, primero trabajamos la técnica y los ejercicios. Y después vamos trabajando las canciones. Algunos alumnos ya van sacando las canciones ellos mismos, guiándose con tutoriales y demás, orientando el estilo que más les guste”.

La obra de Bruno Sánchez parece ser llamada a esta misión terapéutica y a esta tarea compasiva de entrega y dedicación hacia el otro, en la medida en que un alumno suyo logre la catarsis que precisa o cumpla su sueño de ejecutar algunas notas. Así como a los hombres les ha sido dada la medicina para curar los cuerpos desgastados, las tribulaciones del espíritu parecen sanar a través del arte... inmortalizando una imagen, tañendo un instrumento o transmutando el lenguaje en poesía.

Washington

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