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El arte de perpetuar

19/09/2018 Cada 21 de septiembre, en Argentina y otros países de América Latina se celebra el Día del Fotógrafo. La fecha responde al primer daguerrotipo traído al país desde París en 1843

A lo largo de la historia, la humanidad se ha visto abatida por la idea de la intrascendencia, donde lo efímero parece definir nuestro paso por el mundo. Ese abrir y cerrar de ojos que supone nuestra existencia ha llevado al arte y sus diferentes manifestaciones a buscar, acaso desesperadamente, la forma de perpetuar instantes, momentos que vivimos, de los que somos parte y le-gamos a la posteridad. En este sentido, la fotografía, en tanto mecanismo perpetuador, ha contribuido a soportar lo fugaz de la realidad y a constituirse en un lenguaje estimulador del recuerdo. 

Raúl Hermosilla es un formoseño de 34 años que encontró en el lenguaje de la fotografía un canal de expresión particular que le permite -asegura- captar momentos aparentemente intrascendentes pero que adquieren una relevancia particular al ser atrapados por su lente: “Para mí, la fotografía es la expresión misma; yo me expreso a través de ella. Veo un momento y lo capturo, porque me genera algo que no sé contar de otra manera. Yo no tengo siempre una cámara en mano, pero sí un teléfono celular para sacar buenas fotos. Entonces estoy permanentemente haciéndolo: el movimiento de las aguas, las plantas, la luz del sol, el rostro de la gente, lo que sea…”, confiesa.

Se define como autodidacta, pero con una inquietud permanente para seguir aprendiendo, investigando y perfeccionando su técnica, porque -sostiene- “hay que tener un conocimiento del manejo de la máquina y experimentar. La experimentación es la clave. Hay que saber manejar la iluminación, el foco y demás cuestiones técnicas… cómo hacer una fotografía artística. E ir actualizándose permanentemente, porque siempre hay algo nuevo”. 
 
Raúl tiene su propio estudio foto- gráfico y, desde hace unos 12 años, dedica gran parte de su tiempo esencialmente a la fotografía social, por lo que no se define como netamente paisajista: “Yo empecé con la sesión de fotos, porque me gustaba mucho el tema del modelaje, de las fotos de estudio, fotos de exterior. Básicamente porque tenés más tiempo, podés jugar más, armar más la fotografía; no me defino como estrictamente paisajista. Si bien lo hago y me gusta, no es lo que me caracteriza sino que lo hago como hobby. Pero me gusta más la foto de estudio, siento que es lo mío: retratar a las personas”.

Si bien proviene de una familia donde el lenguaje de la imagen ha marcado cada uno de sus instantes (sus padres son fotógrafos), revela que lo suyo fue un descubrimiento paulatino y devino en la necesidad de lograr expresarse a sí mismo, porque “más allá de lo económico, allí yo expreso mi arte y mi manera de contar, porque lo primero que me sedujo fue lo artístico y la sesión de fotos. Y empecé por ahí, desde cero, desde la autogestión. Comencé, por ejemplo, a trabajar con tubos fluorescentes y cartulinas blancas para reflejar la luz, un papel brillante para iluminar los rostros... Y de a poco me fui armando mi estudio fotográfico para una linda producción”.

Con el devenir y el desarrollo tecnológico, Raúl asegura que “la fotografía perdió lo clásico, lo estructural, la idea de lo grupal, mirando a la cámara, la toma en sectores. La fotografía clásica prácticamente desapareció. Hoy en día se tiende mucho a la visión artística, la fotografía de ángulo superior, ángulo inferior, la perspectiva, el blanco y negro y los tonos sepia. Entonces se suele editar mucho, resaltar colores, sombras, para mejorar la imagen y otorgarle realismo”. En cuanto a la técnica, opta “siempre por manejar la configuración manual de la cámara, a diferencia del modo automático”, aun a riesgo de desperdiciar el instante y tomar una mala fotografía.

A los que se inician en este campo artístico, les recomienda “hacerlo con pasión, como medio de expresión, que incursionen permanentemente. Y siempre seguir aprendiendo; si no estrictamente desde lo académico, observando y oyendo a los que saben mucho de esto. La capacidad de observación es crucial. Un fotógrafo con una cámara simple puede hacer grandes cosas. En mi caso, todo arrancó como un hobby y me dio buenos resultados como medio de vida, que no busqué necesariamente”. Y resalta: “Esto me permite contactarme con gente que sabe mucho y aprender técnicas innovadoras, clientes, conocer lugares nuevos, moverme en todos los ambientes. Es una hermosa experiencia”. 

En “Sobre la fotografía”, Susan Sontag asegura que “hay algo depredador en la acción de hacer una foto. Fotografiar personas es violarlas, pues se las ve como jamás se ven a sí mismas, se las conoce como nunca pueden conocerse; transforma a las personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente”. 
 
Esta posesión simbólica es, probablemente, la que mueve a los fotógrafos, como Raúl, a cautivar (en el sentido más literal de la palabra) cada momento en la vida de las personas, sus múltiples y más variadas expresiones faciales, las disposiciones del cuerpo, en un juego de luces, sombras y tonalidades que nos anuncian nuestro permanente devenir por el mundo y la idea de sobrellevar la fugacidad de cada instante. Por eso es que -al decir de Sontag- “todas las fotografías son ‘memento mori’”.

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